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Septiembre llega con
sus cálidos días, para inundarme de felicidad. El calor ya no es sofocante,
pero sigue latente… Logré entender lo rápido que se nos va la vida, ¡y nosotros
perdiendo el tiempo en cosas sin sentido! ¿Cómo es posible que seamos tan
ciegos? No logramos valorar lo que nos rodea, hasta que lo perdemos para
siempre… Y eso es lo que me pasó hoy. Entendí por fin que la vida no es un cómo
un cuento de hadas; nada es perfecto. Sí, de vez en cuando está bueno
tener deseos de cosas imposibles, pero debemos estar prevenidos para lo que
viene. Entendí por fin que nada es para siempre, que las cosas cambian de un
momento para otro… Que mientras nuestra concentración esta centrada en cosas
insignificantes, la vida se va, y nosotros con ella.
"La vida es cómo un sueño… volamos
hasta límites inimaginables".
Me dijeron una vez… Cuánta
razón tenía esa persona. El ideal de nuestro camino es aprender a soñar, sin
descuidar la realidad. Sencillo de decir ¿no? Pero ¿cuántas veces nos olvidamos
de la esencia de los sueños? Muchas, no hace falta ni responder. Vivir no
significa dejar de soñar… Entonces, ¿no podemos soñar con una vida perfecta?
Poder, podemos. Pero tampoco debemos cegarnos y creer en un futuro color de
rosas… Podemos imaginar cómo será nuestro camino en esta Tierra, y qué será de
nosotros mientras dure su recorrido. Pero no debemos confiar en que todo suceda
al pie de la letra. Porque entonces, será doloroso cuándo tengamos que abrir
los ojos y afrontar la realidad. La vida es cómo un cuento en el cuál nosotros
somos los protagonistas… Sólo que el final no está escrito. Podemos imaginarlo,
soñarlo. ¡Anímate!
"La vida es un sueño,
entonces soñaré…"
