Profiter la vié




7.10.11

1.9.11

¿Cómo entenderte? Los días pasan, las noches se alejan… un día me querés, otro ni me registras. Me dices que te importo, que no entiendes lo que quieres. Me buscas, me persigues ¿y yo? ¿Dónde quedo yo? ¿Acaso no vale lo que siento, lo que quiero? Por momentos te odio, por otros te amo más que a nadie. Quiero abrazarte, estar con vos… es una necesidad que me carcome a diario. Pero también quiero dejarte ir, abrir la ventana para que estires tus alas y vueles, libre… Necesito sentirte a mi lado, volver a abrazarte, a besarte. Necesito sentir tus labios junto a los míos, que me protejas con tus brazos, que me abraces y no me dejes ir. Quiero hacerte entender que me duele verte con otra, quiero que te pongas por una vez en mi lugar… Dices que quieres escuchar salir de mi boca, todo lo que siento; necesitas oírlo de mí, que te lo diga frente a frente. Pero es inútil, no lo logras. Y por más que quiera, por más que intente, los sentimientos parecen ocultarse y no querer salir a la luz… ¿tan difícil es hacerte entender que necesito sentirte conmigo? ¿Acaso no te das cuenta que quiero estar con vos? Lágrimas de sal ruedan por mis mejillas, tú me las secas tiernamente y me pides que no llore, pero me es imposible… me acurruco en tu pecho y dejo que el llanto me invada. Tú me abrazas, dices que te mata verme así… Tu mano recorre cada parte de mi cabello, me acaricias, me haces sentir querida por una vez… por una vez, siento que te importo. Me lo afirmas, me dices que en verdad te importo, que siempre fue así. ¿Debo creerte? ¿Debo ilusionarme pensando que el deseo de compartir mi vida a tu lado se haga realidad? No lo sé… lo único que siento en este momento, es tu respiración golpeándome la cara, estamos sólo a unos centímetros de distancia. Tú avanzas, intentas romper ese espacio que nos separa, y yo lo impido. ¿Por qué? Me pregunto a mi misma. ¿Por qué lo hice? ¿Por qué impedí que sucediera lo que esperé durante cinco meses? Una vez más, mi orgullo me jugó en contra… una vez más, le hice caso a mi mente e ignoré a mi corazón. Nos interrumpen con preguntas absurdas que ninguno contesta, y vuelven a dejarnos solos… otra vez, vos y yo. Ninguno habla, tampoco nos miramos… nuestros ojos están dirigidos hacia direcciones contrarias. Nunca me había sentido tan incómoda… quería pararme y alejarme de ti, pero algo me retenía a tu lado. Tu mano derecha, sobre mi pierna… te miro y me sonríes. Te devuelvo el gesto, a la vez que tomas mi mano entre la tuya. Nuestros dedos entrelazados, unidos, pero aún así, una fría distancia entre nosotros. Decides romper ese silencio atroz, y me pides un abrazo… me niego, aún sabiendo que moría por estar rodeada con tus brazos. Me preguntas que me sucede, y el llanto vuelve a invadirme… la angustia se hace presente, siento un vacío en el pecho que me hace entender que me faltas tú. Oculto mi rostro entre mis manos, y vuelvo a sentir tu mano acariciándome la espalda. Me pides perdón, por todo. Me atraes hacia tu cuerpo y tus brazos rodean el mío… en ese momento, volví a sentirme plena, lograste calmar mi llanto con tu abrazo. Tomas mi mentón, obligándome a mirarte a los ojos. Me cuesta mantenerte la mirada, y desvío mis ojos hacia un costado… repites la acción y lo intentas de nuevo. Vuelves a preguntarme qué es lo que siento, y aún entre sollozos te suplico que no me la hagas más difícil… Tú sabes que pasa por mi mente y mi corazón cada vez que estás cerca de mí, sabes cómo me estremezco cuando me rozas al caminar. Sabes que nunca nadie me había hecho sentir cómo vos, sabes que siento. Nos levantamos de nuestros asientos, es el momento de huir… comienzo a caminar, dándote la espalda. Me tomas de la mano, reteniéndome… te paras frente a mí y vuelves a intentar besarme. Un grito nos interrumpe, me llaman mis amigas y una vez más vuelvo a ignorar a mi corazón… Comenzamos a caminar hacia el resto del grupo, nuestras manos entrelazadas. Mis mejillas vuelven a inundarse de lágrimas, y rápidamente me separo de ti. Trato consolarme en brazos de mi (y tú) mejor amigo, pero no logro calmarme como sucedió cuando tu abrazo era el que me protegía. Entiendo por fin, que ese vacío es por tu ausencia… Mientras me dirijo hacia mis amigas, vuelves a retenerme, no me había percatado de que estabas observando toda la escena previa. Vuelves a pedirme perdón, vuelves a abrazarme, y también vuelves a intentar besarme. Me separo de ti, mientras exclamo un ¡No! que parece haber salido por sí solo de mi boca. Me miras fijamente a los ojos, me veo reflejada en el brillante marrón de los tuyos, y te alejas de mí… ¿Por qué? Vuelvo a preguntarme de nuevo. ¿Por qué otra vez ignoré mis sentimientos, y me dejé llevar por el orgullo?