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¿Cómo entenderte? Los días
pasan, las noches se alejan… un día me querés, otro ni me registras. Me dices
que te importo, que no entiendes lo que quieres. Me buscas, me persigues ¿y yo?
¿Dónde quedo yo? ¿Acaso no vale lo que siento, lo que quiero? Por momentos te
odio, por otros te amo más que a nadie. Quiero abrazarte, estar con vos… es una
necesidad que me carcome a diario. Pero también quiero dejarte ir, abrir la
ventana para que estires tus alas y vueles, libre… Necesito sentirte a mi lado,
volver a abrazarte, a besarte. Necesito sentir tus labios junto a los míos, que
me protejas con tus brazos, que me abraces y no me dejes ir. Quiero hacerte
entender que me duele verte con otra, quiero que te pongas por una vez en mi
lugar… Dices que quieres escuchar salir de mi boca, todo lo que siento;
necesitas oírlo de mí, que te lo diga frente a frente. Pero es inútil, no lo
logras. Y por más que quiera, por más que intente, los sentimientos parecen
ocultarse y no querer salir a la luz… ¿tan difícil es hacerte entender que
necesito sentirte conmigo? ¿Acaso no te das cuenta que quiero estar con vos?
Lágrimas de sal ruedan por mis mejillas, tú me las secas tiernamente y me pides
que no llore, pero me es imposible… me acurruco en tu pecho y dejo que el
llanto me invada. Tú me abrazas, dices que te mata verme así… Tu mano recorre
cada parte de mi cabello, me acaricias, me haces sentir querida por una vez…
por una vez, siento que te importo. Me lo afirmas, me dices que en verdad te
importo, que siempre fue así. ¿Debo creerte? ¿Debo ilusionarme pensando que el deseo
de compartir mi vida a tu lado se haga realidad? No lo sé… lo único que siento
en este momento, es tu respiración golpeándome la cara, estamos sólo a unos
centímetros de distancia. Tú avanzas, intentas romper ese espacio que nos
separa, y yo lo impido. ¿Por qué? Me pregunto a mi misma. ¿Por qué lo hice?
¿Por qué impedí que sucediera lo que esperé durante cinco meses? Una vez más,
mi orgullo me jugó en contra… una vez más, le hice caso a mi mente e ignoré a
mi corazón. Nos interrumpen con preguntas absurdas que ninguno contesta, y
vuelven a dejarnos solos… otra vez, vos y yo. Ninguno habla, tampoco nos
miramos… nuestros ojos están dirigidos hacia direcciones contrarias. Nunca me
había sentido tan incómoda… quería pararme y alejarme de ti, pero algo me
retenía a tu lado. Tu mano derecha, sobre mi pierna… te miro y me sonríes. Te
devuelvo el gesto, a la vez que tomas mi mano entre la tuya. Nuestros dedos
entrelazados, unidos, pero aún así, una fría distancia entre nosotros. Decides
romper ese silencio atroz, y me pides un abrazo… me niego, aún sabiendo que
moría por estar rodeada con tus brazos. Me preguntas que me sucede, y el llanto
vuelve a invadirme… la angustia se hace presente, siento un vacío en el pecho
que me hace entender que me faltas tú. Oculto mi rostro entre mis manos, y
vuelvo a sentir tu mano acariciándome la espalda. Me pides perdón, por todo. Me
atraes hacia tu cuerpo y tus brazos rodean el mío… en ese momento, volví a
sentirme plena, lograste calmar mi llanto con tu abrazo. Tomas mi mentón, obligándome
a mirarte a los ojos. Me cuesta mantenerte la mirada, y desvío mis ojos hacia
un costado… repites la acción y lo intentas de nuevo. Vuelves a preguntarme qué
es lo que siento, y aún entre sollozos te suplico que no me la hagas más
difícil… Tú sabes que pasa por mi mente y mi corazón cada vez que estás cerca
de mí, sabes cómo me estremezco cuando me rozas al caminar. Sabes que nunca
nadie me había hecho sentir cómo vos, sabes que siento. Nos levantamos de nuestros
asientos, es el momento de huir… comienzo a caminar, dándote la espalda. Me
tomas de la mano, reteniéndome… te paras frente a mí y vuelves a intentar
besarme. Un grito nos interrumpe, me llaman mis amigas y una vez más vuelvo a
ignorar a mi corazón… Comenzamos a caminar hacia el resto del grupo, nuestras
manos entrelazadas. Mis mejillas vuelven a inundarse de lágrimas, y rápidamente
me separo de ti. Trato consolarme en brazos de mi (y tú) mejor amigo, pero no
logro calmarme como sucedió cuando tu abrazo era el que me protegía. Entiendo
por fin, que ese vacío es por tu ausencia… Mientras me dirijo hacia mis amigas,
vuelves a retenerme, no me había percatado de que estabas observando toda la
escena previa. Vuelves a pedirme perdón, vuelves a abrazarme, y también vuelves
a intentar besarme. Me separo de ti, mientras exclamo un ¡No! que parece haber salido por sí solo de mi boca. Me miras
fijamente a los ojos, me veo reflejada en el brillante marrón de los tuyos, y
te alejas de mí… ¿Por qué? Vuelvo a preguntarme de nuevo. ¿Por qué otra vez
ignoré mis sentimientos, y me dejé llevar por el orgullo?